Mi?rcoles, 24 de marzo de 2010

El vaso bajaba nuevamente para descansar en la barra de un bar perdido en los rincones anónimos de una ciudad llena de vacíos, tanto vivos como históricos. La mano que dejaba con decidida necesidad el vaso vacío, era de un hombre de edad indefinible cuyos ojos pedían al encargado que cargara de nuevo el recipiente con algún licor, incluso sabiendo la dudosa calidad del servicio y de sus productos.
En este ambiente, plagado de especímenes que se podrían tomar como humanos, el bebedor de la barra no resaltaba por casi nada, excepto por su extraña capacidad para darse a entender sin usar palabras.
Un hombre entró por la puerta del local, nadie lo notó, este era un sujeto con la marcada habilidad para que nadie lo recordara realmente, incluso su estadía en el bar sería olvidada por todos los presentes.

-Sabía que estarías aquí – dijo el recién llegado.

-¿Dónde más estaría?

-Para de beber un momento, debemos hablar

-¿Ya estas como para darme ordenes? – el vaso descanso en la barra

-No se trata de eso, no son órdenes simplemente. Estoy preocupado, estas comportándote como si ya no importara nada de lo que haces.

-¿Será porque no importa?

-No. Tu sabes que sí importa y deja de darme respuestas con forma de preguntas.

-Y tú puedes dejar de darme órdenes.

-Está bien. Sabes que de verdad me tienes preocupado, tu actitud afecta a los demás, el grupo está en una mala situación.

-Que se encarguen los superiores – el bebedor retomo su trago.

-No van a meterse en esto. Es cosa nuestra.

-Que mal que nadie ayude – el bebedor comenzaba a sonreír - ¿Qué tal se siente eso?

-Sé que está mal. Quiero ayudarte.

-No puedes, viejo amigo. Mirame – volteó el rostro para ver directamente.

-Sé que perdiste mucha de tu capacidad en los últimos trabajos, pero eso no es para que renuncies.

-Perdí más que mucho, fue demasiado. Casi toda la habilidad de mi ojo derecho se ha consumido, ya no puedo usar la visión de sombras. Ya no más ver a través de las personas, ya no más evaluar el impacto de los trabajos con mi ojo.

-Aún queda trabajo que puedes hacer.

-No es lo mismo, ya sabes… yo era un rastreador y un visualizador.

-Aún caminas en los sueños, eso sirve.

-Para casi nada. Este ojo derecho mío era una cosa que me llenaba de orgullo, podía ver el cuerpo de una persona a más de veinte metros y decir de qué color era su ropa interior y si se depilaba o no.

-Si lo hacías con chicas, ja ja – el visitante se sentaba al fin a la barra – Eran buenos tiempos y éramos muy jóvenes.

-Si usas algo tienes que pagar algo… pero no sabía que era mi propio ojo el pago.

-Si… creo que voy a tomarme algo

-No. Eres malo tomando

-No hago mucho aquí entonces

-Hablemos un poco, después de todo si me ayudas

La pareja se mantuvo en la barra un tiempo y terminaron saliendo del bar juntos, nadie del interior se fijó en ello.

-Los superiores tienen trabajo para mí, ¿verdad? – El bebedor estaba más lúcido de lo que aparentaba

-Si, pero no vine solo por ello. De verdad quiero ayudar.

-Eres un buen amigo. Dejame darte un consejo, nunca uses toda tu habilidad, incluso si te dan la orden.

-Sabes que lo hare, todos lo haremos, si eso ayuda al Plan Mayor.

-Sacrificio… Si, sé que lo hacemos más de lo que me gusta… Somos ejecutores de un plan que comenzó hace siglos y es de muy largo plazo.

Un manto de sombras cubrió a la pareja y desaparecieron sin dejar rastro.


Tags: Relato misticismo

Publicado por pedrobrito @ 12:23  | Cuentos
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